- REDUCCIÓN DE MANIOBRAS:
Hasta ahora, manteníamos una serie de maniobras para cada situación de zafado y también de inmovilización o control de la víctima.
En la actualidad, el número de éstas, ha disminuido de manera considerable, permaneciendo vigentes aquellas que en situaciones de claro conflicto, se utilizan como medida drástica de zafado o inmovilización de la víctima, que presenta en la secuencia, un estado de agitación, que compromete la seguridad del socorrista y de la consecución de las maniobras que debe realizar para concluir con éxito el rescate.
Es el sentido pedagógico del rescatador, en función de de la acción que se presenta a solventar, la que determina la actuación de éste.
El control de la situación, el conocimiento de la morfología humana y de los comportamientos que por su condición de víctimas en un medio hostil, presentan las personas a rescatar, son las herramientas que sustituyen maniobras, que de carácter asertivo y de manera mecánica, se han utilizado hasta ahora, sí, de forma positiva, pero quizás olvidando el riesgo que el excesivo contacto con la víctima, con unas medidas de fuerza que hacen frontera con el riesgo tangible de las lesiones han supuesto el estudio de su viabilidad frente a la opción del conocimiento de otras disciplinas, más relacionadas con el dominio del comportamiento humano en distintas situaciones.
Hemos de valernos del dialogo, la posición clara de superioridad, el conocimiento del medio y de la mecánica. El uso de habilidades de comunicación, como la empatía, haciendo descender el nivel de estrés y aumentando la confianza.
Hoy, la mayoría de los servicios rescate, cuentan con material diverso de alcance y también artilugios como las aletas, que proporcionan al socorrista además de velocidad en el avance, algo muy a tener en cuenta en la fase de salvamento en la que se produce contacto con la víctima: “Sustentación adicional”.
Aproximarnos a una víctima con una buena reserva de flotabilidad, cambia de manera drástica, la concepción del protocolo de actuación, minimizando las maniobras en las que la utilización de la fuerza, era de uso obligado en determinadas fases del salvamento.
Utilizar un buen y constante palmeo, proporciona una reserva de flotabilidad que nos permite ofrecer sustentación pasiva a la víctima, sin realizar ningún tipo de aspaviento o maniobra que minimice la capacidad de movimiento y aumente la confianza y estado de ánimo de la víctima.
Recibir a la víctima, utilizando un lenguaje cercano y tranquilizador, hará que bajen los niveles de nerviosismo de ésta y convertiremos una situación que en principio presentaba visos de complicada, en una acción de acompañamiento controlado.
Por tanto, la tendencia, es la puesta en práctica, de las maniobras seleccionadas, acompañadas siempre de un conjunto de valores psicopedagógicos que en interacción con una valoración del entorno, constituyen la herramienta correcta para la consecución de la tarea.