- CONTACTO:
Existen dos maneras de acometer una entrada a la víctima.
- Sorprendiéndole mediante una inmersión realizando una presa por su espalda.
- Acercándonos de frente y dejándonos agarrar para zafarnos a continuación y realizar la presa más indicada.
En cualquiera de las opciones, la finalidad es la inmovilización de la víctima y es entonces, donde entra el concepto de permanencia de la tensión continua sobre el cuerpo de la víctima a rescatar.
Una vez realizada la presa, en la que se aplica una fuerza proporcional, hemos de mantener la tensión de agarre durante toda la secuencia de rescate.
El conocimiento de la anatomía humana supone una gran ayuda para el rescatador.
Localizar los puntos de flexión de los miembros mediante las articulaciones, así como los puntos de presión que anulan la resistencia de la víctima, facilitan el rescate, más si cabe cuando el estado de ánimo o las condiciones externas, complican la tarea.
Los cambios de articulación en los agarres, han de realizarse deslizando las manos a través del cuerpo de la víctima. Jamás hemos de reducir la tensión y tampoco la presión.
Existen una gran cantidad de circunstancias que pueden hacer que perdamos el contacto. Condiciones del mar adversas, un golpe de ola o arrastre de la misma, la entrada en un canal de corriente o el cambio brusco de posición de la víctima al recibir una entrada de agua por inmersión, salpicadura o por un estado de ansiedad acrecentado.
Son estos momentos, donde presión – tensión, se convierten en imprescindibles. Manteniendo esta medida, se asegura el nexo entre víctima y rescatador. Además, el contacto continuo, tranquiliza y aporta seguridad al rescatado.
Es en este momento de contacto y traslado de la víctima, cuando el instinto primario de protección aflora en ambas direcciones y con reciprocidad.
Del rescatador a la víctima, de manera consciente y siguiendo un protocolo de actuación en base a premisas pedagógicas.
De la victima al rescatador, de manera instintiva, al sentirse protegido frente a una situación extrema.
El organismo dispara automáticamente una batería de medidas químicas que se perciben de manera física en ambos sujetos.
La liberación de sustancias como la adrenalina, interfieren de manera positiva en el desarrollo de la acción para el rescatador, ya que aumenta su potencial físico, ausencia del dolor y sensación de euforia que elimina el hándicap de agentes externos negativos como pudiera ser el frío entre otros.
Al mismo tiempo, la mente trabaja de manera distinta, cerrando el abanico de posibilidades de actuación, por lo que hemos de mantener la calma y a veces perder unos segundos en valorar la mejor de las posibilidades.
A veces llegar es sencillo y lo complicado es salir con la víctima a lugar seguro, que no tiene porque tratarse de lo que en teoría pareciese evidente, como costa, playa, puerto, etc.
Puede darse el caso en el que volver sea temerario o imposible, por lo que quizás debamos adentrarnos o alejarnos, dependiendo del lugar de rescate y buscar nuevas opciones. “Salida alternativa”.
Presión o sujeción con otras zonas del cuerpo. Trayectos largos o esperas.