- PRESAS Y ZAFADURAS:
Bajo esta denominación se engloban una serie de medidas que aplicadas en una situación de rescate, facilitan la inmovilización de la víctima y solucionan al rescatador los problemas de agarre que el pánico de la víctima, ejerce sobre su figura.
En toda técnica de defensa, existe un principio de actuación denominado: “Tensión Continua” y que tanto en la presa que realizamos para inmovilizar, como en la zafadura que nos libera de la víctima, en un intento de asirse a un objeto que le procure flotabilidad, está siempre presente, asegurando el contacto entre víctima y socorrista.
La tensión continua es fundamental. No tanto en el proceso de zafarse del agarre precipitado y descontrolado de una víctima, técnicas de las que hablaremos mas adelante. Pero si de la presa que una vez zafados, realizaremos sobre ésta, manteniendo un control permanente hasta finalizar el arrastre.
Se utiliza en todas aquellas disciplinas relacionadas con la lucha, ya sean técnicas de Arte Marcial o disciplinas de Lucha libre, Greco-Romana, Shumo o Aquellas locales como la Canaria, etc, que utilizan el contacto y agarre, como método efectivo de control del adversario.
De la misma manera ocurre en el socorrismo acuático, en donde utilizamos como medida de escape del agarre de una víctima: la zafadura y como acción de control: la presa del cuerpo del individuo, con el fin de lograr su inmovilización.
Cuando realizamos el acercamiento a una víctima, hemos de poner los cinco sentidos a trabajar.
El rescate de una víctima en el medio acuático, obedece a unas premisas concretas, en donde además de una buena condición física, que nos permita realizar la operación de rescate con garantías, hemos de tener en cuenta una serie de parámetros que condicionan el rescate y que durante su transcurso, hemos de determinar, de manera que la acción, sea activa y cambiante según estas variables, que inciden de manera directa en el desarrollo.
Tomadas estas premisas como parte de la secuencia, en la que tendremos en cuenta la fuerza de la corriente y su dirección, la altura de las olas y la distancia de rompiente con la línea de base de costa, la dirección e intensidad del viento, la temperatura del agua y la dirección del arrastre, ya sea hacia la orilla o hacia alta mar, en el caso de condiciones adversas a la espera de la llegada de una embarcación de rescate.
Hemos realizado con éxito la fase de acercamiento a la víctima, cuidando siempre de no perder su posición y tomando al mismo tiempo, referencias “marcaciones”, que en el caso de hundimiento de la víctima, nos ayuden a localizarla.
En esta fase de acercamiento, mantendremos una comunicación verbal con la víctima, que le ayudará a tranquilizarse de ese estado de excitación en el que el pánico le mantiene.
Es en este momento, en el que se produce el acercamiento y contacto corporal entre víctima y socorrista.